Espacio dedicado al análisis de la obra teatral de Vargas Llosa sobre la Odisea de Homero

lunes, 15 de diciembre de 2008

Odiseo: guerrero y aedo



Odiseo y Penélope pertenece al proyecto denominado La verdad de las mentiras en la que el escritor peruano puso en escena una serie de relatos que, según él, le habían conmovido. Este es entonces un espectáculo de adaptación que llevó a cabo en el año 2005 y consistía en la lectura y actuación de ciertos textos literarios como “El mono” de Isak Dinisen, “Una rosa para Emily”, de William Faulkner; “El infierno tan temido”, de Juan Carlos Onetti, el “Aleph” de Jorge Luis Borges, “La muerte de los Arango” de José María Arguedas y el “Quijote” de Miguel de Cervantes.


En el epílogo, Vargas Llosa reconoce que Odiseo y Penélope es una versión minimalista del poema clásico, que tiene la necesidad de representación, por lo que se ha excluido varios cantos para dejar, según él, con los principales episodios. La obra se propone en juntar el arte de los aedos y de los contadores de cuentos con el teatro, es decir, intenta fundir la narración oral con la representación con solamente dos personajes. Así, Odiseo pasa del astuto héroe sobreviviente de la guerra de Troya al de contador de historias.

La síntesis de la representación



La distancia entre el teatro y la literatura es de carácter visual. Las obras que se leen exigen la creación de imágenes mentales que se guardan en la memoria, algunas son tan intensas que se prolongan en la mente del lector, en cambio, las obras que se representan están compuestas de imágenes más sintéticas y fugaces, como dice Vargas Llosa, un texto dramático es siempre un iceberg, nada más que un fragmento visible.




El drama épico, como la Ilíada o la Odisea, fueron poemas que se escribieron para ser recitados, y que fueron recitados por aedos de ciudad en ciudad en los festines de los notables o en las plazas públicas. Luego ambas obras han creado una tradición e influencia literaria en la cultura occidental arrasadora, convirtiéndose en emblemas que pese a los siglos transcurridos, son generadores de mucha fascinación, incitando a adaptarlas, recrearlas o interpretarlas.

De ahí que la obra de Homero haya conmovido a otro escritor muy representativo de Latinoamérica como Vargas Llosa para que recree las aventuras de Odiseo una vez que volvió a Ítaca. Vargas Llosa asume el papel, al mismo tiempo, de aedo y de Odiseo, encargado de rememorar sus hermosas historias para halagar al público y resucitar a sus aventuras una vez más. En ese escenario, al parecer bastante sobrio, Vargas Llosa no tuvo la pretensión de incluir elementos vanguardistas, ni personales, ni de crear un sacudón al público con alguna crítica, tan solo asumió la obra de Homero con mucha fidelidad y sacó del poema lo que para él pudo ser lo más visual.


Resumen y video

1. El manto de Penélope

Odiseo cuenta cómo sus compañeros le sobreviene una pereza invencible luego de comer las frutas del loto. Penélope le habla sobre el manto que tejía durante el día y lo destejía en la noche hasta que fue descubierta. Vargas Llosa mantiene en Penélope el símbolo de ella como fidelidad conyugal.

2. La gruta de Polifemo
Odiseo y sus compañeros naufragan a la isla de Polifemo y éste, que se considera superior a los dioses, empieza a engullirlos. De aquí en adelante, Penélope (Aitiana Sánchez-Gijón) actuará como los demás personajes que aparecen en el poema épico

3. El palacio de Circe.
La divina Circe hechizó a los compañeros de Odiseo y los convirtió en cerdos. A él le ayudó Hermes dándole una pócima y logró derrotarla. En su intervención, Circe ofrece compartir su lecho con Odiseo, él acepta a cambio de invertir el hechizo.

4. La morada de las sombras.
Odiseo baja al Hades para hablar con Tiresias que le enseñará como regresar a su tierra. Allí además se encuentra con su madre, Agamenón, Aquiles, Patroclo, entre otros. Vargas Llosa tal vez descuidó la descripción de cómo Odiseo degolló unas reses para que los muertos puedan hablar y omitió la presencia de Sísifo y de Tántalo, cuyas imágenes son muy intensas.

5. El canto de las sirenas.
Circe le dice que se encontrará con las sirenas de arrulladora voz a quienes no deberá escucharlas a menos que sus compañeros le aten a un mástil. El diálogo que entablan las sirenas es bastante seductor.
6. Los monstruos marinos (Escila y Caribdis)
Circe le cuenta a Odiseo que sólo tiene dos caminos: el monstruo de seis cabezas Escila o Caribdis que provoca remolinos. Odiseo elige la segunda aunque pierde seis compañeros. En ambas obras y en los mismos episodios se destaca el compañerismo y la pena de Odiseo al ver cómo sus compañeros son arrasados por Escila. Vargas Llosa equilibra esta escena de grotescos monstruos con un corto diálogo amoroso de Penélope.
7. Las vacas del sol.
Euríloco comete el error de no obedecer a los consejos de Circe y que les había advertido no comerse a las vacas del dios Helios. Como castigo tuvieron una fuerte tempestad que destruyó su nave y los hizo naufragar. En la obra teatral, Penélope realiza varias preguntas que tienen respuestas implícitas, lo que hace suponer que para ese momento, ella ya conocía la historia y lo que hacían ellos era tan solo un juego de memoria.

8. Con la ninfa Calipso, en la isla Ogigia.
Odiseo recuerda a la bella Calipso, a quien le hizo el amor. En la obra de Homero no se menciona este suceso, pero sí del inmenso cariño de Calipso hacia el héroe y de la propuesta de hacerle inmortal si es que se quedase con ella. En ambas obras se hace énfasis en la soledad de la ninfa, pero la obra teatral omitió el reclamo hacia los dioses.
9. Odiseo y Nausica en la tierra de los feacios.
Luego de haber naufragado Odiseo es encontrado por Nausica quien le lleva al palacio de su padre, Alcino. Allí Odiseo relata lo que le ha sucedido durante su travesía. Odiseo adopta la postura del aedo que hipnotizaba a la gente con sus historias. Antes que él, Demódoco relató cómo los aqueos ingresaron a Troya y al héroe le pareció que todo lo relatado parecía imaginación, pese a haberlo vivido.

10. Mendigo en Ítaca.
Transformado por Atenea en mendigo, Odiseo al fin llega a Ítaca. Supo que su palacio estaba habitado por los pretendientes y su ira se incrementó. El Odiseo de Vargas Llosa aumenta al relato de Homero la posible venganza de éste si es que su esposa se hubiese casado: A ti, con mis manos. A tu marido le hubiera cortado las orejas, la lengua y la nariz. Y, también, por supuesto, muy despacio, la verga y los testículos, y se los hubiera dado de comer a los buitres. [1]

11. La matanza.
Odiseo cuenta cómo mata con la ayuda de Telémaco y Eumeo a los pretendientes con las flechas dedicadas al certamen para desposar a Penélope. Mientras, ella dormía y soñaba en el cuerpo de su esposo.
[1] Mario Vargas Llosa, Odiseo y Penélope, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, España, 2007, pág. 96

Conclusiones

La obra, tal vez por cómo fue concebida por el autor peruano, eliminó elementos importantes tales como la Telemaquia y la presencia decisiva de Atenea para que Odiseo cumpla con su regreso. A estas omisiones, a las que Vargas Llosa defiende por la necesidad de condensar y compactar al poema para que logre mayor visualidad, él aporta con un estilo y lenguaje propio de su escritura. Es por ello que los diálogos sensuales y pasionales que en la obra de Homero son casi imperceptibles, en Vargas Llosa adquieren mucha significación.

Odiseo y Penélope es la puesta en escena de Odiseo como el relator de sus propias aventuras. Vargas Llosa en el epílogo se pregunta: ¿Vivió Odiseo las historias maravillosas que refiere a los deslumbrados feacios en la corte del rey Alcino? Así que, ante la duda, la obra reconoce a Odiseo tanto como el audaz y valiente guerrero como a un excelente contador de historias. Sería como ver en Odiseo a un hábil estafador o seductor que fabrica relatos tan verosímiles que los receptores las convertimos en verdades; aunque tomando en cuenta la paideia griega, ese pensamiento no tendría el menor sentido, dado uno de los principales valores de aquella época era sintonizar consecuentemente las palabras con las acciones.